viernes, 3 de agosto de 2012

Y así empieza todo...


Este blog empieza a las 2 de la mañana en un turbulento vuelo a Moscú. Después de un largo día de preparaciones, hemos cogido el vuelo de Aeroflot que ha salido a las 00:15, una media hora más tarde de lo previsto.

Llegaremos a territorio ruso a las 7 de la mañana hora del país (dos horas menos en Barcelona), habiendo trasnochado ya que, en estas circunstancias, es bastante difícil poder dormir ni que sea una cabezadita. El avión se bambolea, las luces de cabina están a plena potencia y las azafatas rusas van arriba y abajo ofreciendo comida y bebida. No es que uno se pueda quejar del servicio, es un buen vuelo,  pero sin duda a una pésima hora.

De todos modos, será la ilusión, ganas de ver la Plaza Roja e ir a Japón  (esto y en mi caso un buen café), lo que nos sostenga durante el día 3 de agosto, que seguro que será el día más agotador del viaje.
Lo cierto es que no me puedo creer que por fin, después de tanto tiempo de desearlo, vaya a Japón. Creo que hasta que no llegue allí realmente no daré crédito.  Al final he decidido llevar la maleta medio vacía para poder llenarla de todas aquellas chucherías que quiera comprarme.
 
Por mi cabeza cruza la idea de poder vestirme con un yukata e ir a uno de los festivales de verano, como tantas veces he visto, ir a un Neko café, a unos baños públicos, deleitarme con los neones, poder practicar mi rudimentario japonés. Poder ver a mi querida amiga Azusa y poder compartir con ella un pedacito de su tiempo, de lo que es su vida allí en Japón. Visitar un típico ryokan y bañarme en aguas termales. Pero pensar que, aunque esté al otro lado del mundo, aun habrá noches en que podré dormir sobre un tatami, y sentirme en casa.

Estas son las perspectivas que tengo ahora, veremos cómo va el viaje.

PD: Esta entrada he podido publicarla gracias a la generosa Wi-fi del tren exprés que va del aeropuerto al centro de Moscú. 

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