sábado, 11 de agosto de 2012

La eterna feria de Miyajima

Quién no ha visto la típica imagen de Miyajima. Cuando Japón aparece en folletos turísticos, seguro que el portón rojo en medio del mar está retratado. Por si acaso alguien no sabe de lo que estoy hablando, dejo la típica imagen aquí.



Miyajima es una isla localizada cerca de Hiroshima, se llega cogiendo el tren y enlazando con un ferry. Una vez llegas a la isla, los ciervos te saludan para ver si les das comida. Lo gracioso del tema es que comen casi lo que sea, y tienen especial interés por el cartón. O sea que me agencié un trozo de cartón y se lo ofrecí a una cervatilla que estaba molestando a las personas que se sentaban en los bancos. De hecho, había  una señora gritando “Konaide! Konaide!” (no vengas, no vengas) y desvié la atención del bicho, de la señora a mi trozo de cartón.





Una vez te adentras en la isla, hay unas callejuelas llenas de tiendas de recuerdos y comida. El ambiente era relajado, sin prisas, y daba la sensación de que estuviésemos en una feria de pueblo. Se nota que allí los japoneses van exclusivamente para hacer turismo y descansar.
El paseo hasta los templos por la calle principal se hace muy agradable a pesar del calor, ya que hay un toldo que lo cubre. Así te puedes ir parando y comiendo las diferentes delicias que ofrece: ostras (una de las especialidades de la zona); unos pastelitos en forma de estrella rellenos de diversas cosas; bollitos de carne,  anguila de mar (anago) o verdura; frituras de sucedáneo de pescado ensartadas en un palo con sabor a queso, gamba, o lo que se quiera; entre otras.

Es interesante  como la base de uno de los templos se anega de agua dependiendo de las mareas. Nosotros entramos con marea baja y pudimos observar como cada vez se iba acercando más el agua que, cuando la marea estuviese al máximo, rodearía totalmente el templo.

Acabada la excursión y satisfechos de la comida, volvimos a Hiroshima, para hacer unas compras y comer Okonomiyaki (una vez más) con fideos. Ahora puedo decir que el okonomiyaki que comí en Harajuku queda en segundo lugar. Este es el mejor okonomiyaki que he probado.

Una curiosidad que no puedo dejar de comentar: supongo que todo el mundo ha oído lo limpios que son los lavabos públicos en Japón. También, cuando el váter es de tipo occidental (y no un agujero en el suelo) es típico que tengan un sistema de calentamiento del asiento, un sensor que tira automáticamente de la cadena, e incluso un chorrito por si te quieres limpiar. El control de este chorro, conjuntamente con un botón para emitir desodorante hacia el ambiente, suele estar a un lado del váter. Hasta aquí es lo normal. Pero ayer, vi un botón nuevo en este control, el efecto sonoro de tirar de la cadena, con la posibilidad de subir o bajar este sonido. Ahora no hace falta tirar de verdad la cadena y gastar agua para disimular ruidos desagradables. ¡Menudo mundo!

2 comentarios:

  1. Me gustaría acariciar y dar de comer a un ciervo pacífico... O a un delfín (hasta el fin).
    Lo de darles cartón suena un poco indigesto; dales veneno del bueno y acabamos antes.

    Así como los baños con chorrito son curiosos y modernos, los agujeros en el suelo son una putada incómoda. Prefiero que todos los baños sean normales, como en España, para evitar sorpresas.

    Has probado el monjayaki? es una especialidad de Tokyo me parece: una versión más oscura y líquida del okonomiyaki.

    iagm

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  2. El cartón lo vi hacer a una señora de las tiendecitas y luego me fije que se peleaban por una caja vacía. A mí también me sorprendió, pero parece que les gusta.

    Los agujeros en el suelo son altamente incómodos, estoy de acuerdo contigo, ponerse de cuclillas es un rollazo.

    Monjayaki no me suena...ya investigaré...

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